Durante 13 años he escuchado lo mismo en mis Escuelas de Madres y Padres:
"Óscar, intento hablarle bien a mi hijo, pero no me hace caso… hasta que grito"
Cuando escucho esto, es imposible no empatizar y ponerme en los zapatos de los padres... Porque sé lo difícil que es, que tus hijos no obedezcan... Que tengas que repetir 100 veces algo para que lo hagan... O que se les ocurra manchar la pared porque sí... (o lo que sea).
Y al final es casi imposible no gritarles... Pero cuando les explico a los padres, el impacto que tienen los gritos en el cerebro de sus hijos... Su cara cambia. Se sienten culpables. Se sienten tristes. Y con razón.
Aquí está la verdad que nadie te ha dicho: Los gritos afectan la autoestima y el desarrollo cerebral y emocional de tus hijos. Los hacen más inseguros y propensos a la ansiedad. Crecen con miedo al fracaso y dificultades para gestionar sus emociones.