
Nuestros hijos, más que nunca, necesitan padres que les ayuden a aprender a solucionar y gestionar sus problemas, no que les castiguen cuando están en apuros. Por eso hemos de pensar siempre en educar en el largo plazo. Claro que los castigos funcionan a corto y muy corto plazo pero… ¿a qué precio? El castigo trunca la comunicación y se basa en el miedo. Como muy bien destaca Jane Nelsen: “¿De dónde sacamos la idea de que para que los niños se porten bien debemos hacerles sentir mal?”
Hoy quiero hablarte sobre lo que ocurre con los niños que no son castigados:
- Tienen más control sobre su destino. Son participantes activos en lo que les sucede, más que víctimas indefensas bajo control ajeno; por consiguiente, se sienten más capacitados. Adquieren mejores habilidades sociales, aprenden a solucionar problemas y a resolver conflictos. Afortunadamente, tanto para padres como para hermanos, nuestros hogares nos proporcionan un laboratorio de prácticas para la resolución de conflictos.
- Los niños que no son castigados tienden a comportamientos menos abusivos. Se sienten seguros, no necesitan ganar poder controlando a los demás. Pueden poner en práctica métodos más respetuosos de comunicación porque ya sienten que tienen control sobre su vida.
- Los niños que no son castigados tienden a tener mejor relación con sus hermanos. Los conflictos fraternales son a menudo consecuencia de las circunstancias, más que del resentimiento. Los niños que han aprendido a solucionar sus problemas entre ellos mismos usan esta práctica tanto en presencia como en ausencia de los padres.
- Los niños que no son castigados tienen una visión más optimista del mundo y de la vida. La paz o la tranquilidad es un ideal por el que a menudo trabajan, tanto en su comunidad como en organizaciones más amplias.
- Los niños que no son castigados tienen menos "carácter" y rebeldía hacia sus padres. La facultad de demandar de forma respetuosa sus necesidades, de ser escuchados y de trabajar para la consecución de soluciones ganadoras favorece la comunicación y los sentimientos positivos respecto a sus padres.
- Poseen también una sana autoestima. Las personas con más control sobre su mundo se sienten mejor consigo mismas. Creen que importan a los demás y se sienten valorados.
- Por último, desarrollan una mayor interiorización moral. Esto es, una pequeña voz interna que les hace hacer lo correcto incluso cuando nadie mira. Desarrollan una voz de la conciencia y tienen más empatía por las necesidades ajenas y los valores, porque sus necesidades ya han sido cubiertas.
Y podría seguir añadiendo razones para abandonar el castigo y educar de una manera respetuosa. Los métodos educativos tradicionales ya no son efectivos para los niños de hoy.
Por cierto, acabo de poner en marcha un grupo de Whatsapp para madres y padres interesados en la Crianza positiva donde compartiré cada día reflexiones, citas, ideas, consejos, regalos y muchas cosas más. Puedes unirte al grupo aquí.

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